Angelina

Ester Payares

 

Y la pregunta del año, ¿cuándo te vas? La respuesta debería ser: Ecuador, Perú, Colombia, Argentina o cualquier otro país. A mí, por favor, pregúntenme ¿Por qué no
me voy? Y de manera clara, tendré una respuesta:

No me voy, porque el apego a mis raíces es más grande que un boleto de avión o un largo viaje en carretera, sin saber qué destino me espera.

No me voy, porque esta es mi tierra, donde el calor y el fervor me acobijan y regocijan con gran pudor.

No me voy, por el apego y lo difícil que es decir hasta luego.

No me voy, porque no quiero dejar un vacío en quien siempre ha sido abrigo.

No me voy, porque a la madre mía la puedo ver día a día, luchando en medio de tanta monotonía.

No me voy, porque es su compañía la enseñanza viva. Es esperanzador siempre salir a la calle con su bendición.

No me voy, por ese amigo al que siempre le digo qué bueno poder contar contigo.

No me voy, porque aun no he conocido el miedo de no estar contigo.

No me voy, porque a esta gente le falta un tornillo y vivimos de optimismo.

No me voy, porque la humildad en los corazones nobles prevalece.

No me voy, por que las montañas resguardan en su interior los mejores suspiros del alma.

No me voy porque al calor y radiante sol, desde las mañanas los acompaña el sonido del arpa.

No me voy, porque desde aquel cerro puedo contemplar a la gran Caracas.

No me voy, porque unos médanos me esperan, me falta por contar cada granito de arena.

No me voy, porque los Tepuyes, las Selvas y los ríos son de perfecta creación una brillante naturaleza y quiero de ellos quedar perpleja.

No me voy, porque muchas veces mi bronceado, los Cayos me lo han obsequiado.

No me voy, porque a Choroní aun yo debo ir.

No me voy, porque además faltan playas en las que no he dejado mi huella en la arena.

No me voy, porque en la gaita de mis navidades resalta un furruco y la tambora, luego llega enero para celebrar a la Divina Pastora.

No me voy, porque el viaje no termina, ni siquiera he ido a las minas, cómo olvidarme de El Callao y de esos bailes de calipso que aun no he zapateado.

No me voy, porque los pueblos tienen historias que solo en mi imaginación revelo.

No me voy, porque estas montañas son mi anhelo, me permiten estar con quien realmente quiero.

No me voy, porque en la maleta no cabe el perro, mucho menos mis abuelos.

No me voy, porque la salsa brava nadie la baila como el caraqueño y si hablamos de tambores llévenme pa´ Barlovento que mis caderas se muevan rompiendo olas y viento, una llanerita regia de esas del llano adentro, zapateen conmigo y les cuento que un raspacanilla te quita los males de adentro.

No me voy, porque Venezuela es mi complemento, si soy parte de su futuro, estando lejos como fundamento.

Y pararé en este momento, una breve pausa y luego les sigo echando el cuento.