VISIONES DE UN CURA MINIATURISTA

Alberto Arecchi

 

Opicino de Canistris fue un sacerdote del siglo XIV, fue un astrólogo, estudioso de tradiciones populares. Buen diseñador, intentó aplicar a la ciudad de Pavía y al mundo las reglas de una “astrología cristiana”, integrando los signos de las constelaciones con los aniversarios de los santos.

Opicino (Opizín) de Canistris fue concebido el 27 de marzo de 1296, el primero de cinco hermanos (tenía dos hermanos y dos hermanas). Nació en Lomello, una antigua ciudad de tradición romana y lombarda, el centro principal de Lomellina, al oeste de la ciudad de Pavía, el 24 de diciembre, hacia la hora de la puesta del sol, en los días del solsticio de invierno, bajo el signo de Capricornio.

Opicino tuvo apariciones nocturnas desde la edad de once años. Soñó con el juicio final y se le apareció la Virgen María. A los sueños, las fantasías eróticas y la interpretación astrológica del mundo se dedicó con todo su talento de diseñador. La cabra, símbolo del mal y del Anticristo, obsesionó toda su vida: nacido Capricornio, se volvió en párroco de Santa María Capella (cabrita). Llegó a creer que cabras y cabrones fuesen la marca de su existencia.

Perseguido como güelfo, en ese periodo de luchas encarnizadas con los gibelinos, en 1328 Opicino huyó de Pavía y se refugió en la corte papal de Aviñón. Aquí, alrededor de 1330, escribió una descripción precisa de la ciudad de Pavía. También dejó una serie de dibujos, ahora conservados en los archivos del Vaticano, ricos en referencias geográficas, astrológicas, simbólicas y alegóricas. Entre estos dibujos, uno representaba su propia autobiografía.

Él veía en el Mar Mediterráneo, a través del cual Europa se une a África, la imagen de un cabrón enorme, obsceno, representando los dos continentes con formas femeninas.

“La Lombardía, desgraciada, se cargó toda la corrupción de Europa y África… a Pavía pertenece la parte de los genitales… Ingle menstruada, en el valle del juicio, depravación de Europa”.

Opicino daba a los lugares geográficos la imagen de seres humanos. Europa es una mujer desnuda, Italia y Grecia son las piernas, la cabeza está en la Península Ibérica. La laguna de Venecia se convierte en un “sexo castrado” y Córcega es un excremento que viene de Génova = ianua, es decir, “puerta” de residuos orgánicos. “En estas iniquidades – añade – fui concebido… A veces, me jacto de ser un hombre, olvidando de ser un Capricornio con la barba larga, adorador de la cabeza del cabrón. De hecho, nací en el pecado, como un ladrón que viene antes de Cristo, deslizándome furtivamente, el día sangriento del Anticristo. Nací en medio del pecado, el bautismo me levantó de los vicios de cabra a la inocencia de cordero… Pero yo, cabrón desgraciado, nacido bajo el signo de tierra de la cabra y designado a la unión con el más pequeño de los pobres cabritos, me doy cuenta de que no he generado más que cabras y cabrones, que siempre vuelven a su naturaleza siniestra”.

Opicino trata de hacer horóscopos de Pavía, Lombardía, Europa, Mediterráneo. En un código de piel de cordero, dibujado en ambos lados, mostra un seguimiento de globos terráqueos, superpuestos con imágenes de Santos, la Virgen María y Jesucristo, rectos y volcados. El Mediterráneo viene a superponerse con el mapa de Pavía y dibujos alegóricos (a veces obscenos) y el mapa y la rueda del zodiaco. Un zodiaco gira en una dirección y otro en la dirección opuesta. En el centro de Italia superior, un monstruo con seis pies humanos, coronado, con una cabeza de león, “causa del pecado, cuerpo de reprobación”, representando la lujuria. En torno del león hay dos escritas, muy claras: “En este valle de mierda se adora este simulacro, causa del pecado y objeto de condenación”, y “De la ciudad maravillosa (Pavía) nació ese monstruo increíble”.

Construcciones cartográficas hechas con la habilidad de un experto geógrafo, alegorías en que la geografía se transforma: la pierna de una mujer, un hombre joven, un sátiro barbudo; la topografía de Pavía, con alusiones coincidencias cósmicas y simbólicas. Finalmente, su autobiografía, dibujada en forma de cesta, para recordar de su apellido, detallada en cada mínimo acontecimiento. Todo se mezcla en una orgía de sabiduría y locura que a veces sobrepasa el simbolismo y parece pornografía.