ANALISIS DE LA OBRA DE FRIEDRICH NIETZSCHE “SOBREVERDAD Y MENTIRA EN SENTIDO EXTRAMORAL”

 

ROMERO VARGAS, JULIO JOSÉ

El Hombre

 

La obra de Nietzsche establece en primer orden de ideas la necesidad de reconocimiento por parte del hombre, la necesidad de ser el centro del universo, resulta interesante conocer que según el autor hasta el conocimiento tendría este fin. Esto en virtud de que el conocimiento es efímero, y que nuestro pasar por la vida resulta también una breve brizna en el viento.
Esto se puede apreciar a raíz de que el intelecto se termina convirtiendo en un recurso para una especie que resulta ser débil (el hombre), por no poseer tantos recursos como otras especies, hablamos de cuernos y fuerza, por mencionar algunos. El autor define el intelecto como “arte de la ficción”, y encuentra su mayor exponente en el hombre.
Esta reflexión, convierte al hombre en un ser que se aleja de la verdad, enfocándose según el autor en “el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la hipocresía, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, el teatro ante los demás y ante uno mismo”. (Nietzsche.1873, p4).
El hombre no permite que su sentimiento moral le impida ser engañado por contentarse en recibir estímulos y tener sensaciones que no conducen a ninguna parte.
Es interesante responder las preguntas que se plantea el autor sobre el hombre y determinar que tanto se conoce, o su capacidad de percibirse así mismo, y si en el fondo la naturaleza no le oculta la mayor parte de su concepción.
Estas preguntas parecen no tener respuestas válidas. No obstante, pareciera que el hombre descansa “sobre la crueldad, la codicia, la insaciabilidad, el asesinato, en la indiferencia de su ignorancia” (Nietzsche.1873, p4).
Ante esta descripción del hombre podemos inferir que en la medida que busque conservarse frente a sus iguales usara su intelecto para la ficción. No obstante, en virtud de que el hombre desea vivir en sociedad precisa de unas reglas que le permitan esa convivencia con sus iguales.
Este convenio o tratado de paz como lo refiere el autor, para referirse a las reglas de convivencia, asoma el contraste entre lo que es verdad y lo que es mentira, ya que, al construirse este convenio se fijaron inicialmente las reglas y verdades. En este escenario surge el mentiroso, el cual aprovechara las reglas existentes para sus propios fines, alterándolas a conveniencia, lo que al hacerlo de manera interesada provocara la expulsión de la sociedad al no ser una persona confiable.
Esto nos lleva a resaltar la conclusión del autor sobre este punto, al conocer que el hombre no huye de ser engañado, sino de los perjuicios de ser engañado. Esta misma situación se refleja en el fraude, razón por la cual pudiéramos concluir que al hombre no le molesta la mentira, sino las consecuencias de ser descubierto mintiendo.
Esto permite ahondar en la verdad, y comprender que al hombre no le interesa la verdad, sino las consecuencias positivas de esta en su vida, y si una verdad altera su modo cómodo de vivir la rechazar automáticamente.
Estas reflexiones desarrolladas en esta obra ubican a la verdad y a la mentira como dos concepciones que se enmarcan en un esquema de pensamiento y de percepción, siendo la verdad la concepción que se ubica en los esquemas preexistentes y la mentira aquella que se sale de los referidos esquemas.

 

La Palabra
Posteriormente en su obra, el autor desarrolla la “palabra”, como algo más allá de una articulación de sonidos o gestos, sino como la construcción de un sistema. Este sistema compuesto por la “palabra” no nos lleva a la verdad, ya que la misma es una construcción aleatoria, como se puede apreciar en el proceso de asignación de palabras femeninas y masculinas, el autor da un excelente ejemplo para clarificar esta reflexión, específicamente al referirse a la designación masculina para el termino árbol y la designación femenina del término planta.
Nietzsche reafirma que el origen del lenguaje no sigue un proceso lógico, razón por la cual se dice que no procede de la esencia de las cosas. Ahora bien, desarrollando aún más este punto, encontramos que la palabra se transforma en conceptos, los cuales se forman igualando lo no igual, es decir, que un concepto no será igual a otro.

La Honestidad

De lo transcrito recaemos en el tema de la honestidad, el cual como concepto nos dice muy poco y no nos permite comprenderla, sin embargo, pareciera que la honestidad es comprendida por acciones y hechos individualizados, los cuales también son desiguales, pero que nosotros igualamos para poder denominarlas, y de esta manera poder referirnos a la misma.
Ante lo explanado, podemos inferir que las palabras y el lenguaje son construcciones del hombre, que termina amoldando la concepción o esquema que tiene de la realidad para de esta manera tener un control de la misma.

La Verdad

Posteriormente el autor se pregunta acerca del significado de la verdad, y la define como “ilusiones de las que se ha olvidado que lo son, metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora consideradas como monedas, sino como metal” (Nietzsche.1873, p6).
Esto podemos complementarlo refiriéndonos a que la verdad es una construcción teórica y argumentativa que se sustenta en el lenguaje y el concepto, y que dependerá de la aceptación colectiva para asumirse como tal.
Lo que el autor no ha podido descifrar, es de donde procede el impulso hacia la verdad. Pareciera que es a partir de un sentimiento de índole moral, en que el hombre se siente en la obligación de designar las cosas, y es ahí donde se despierta ese movimiento moral hacia la verdad.
Es esta la razón por la cual el hombre está por encima del animal, ya que pone sus actos bajo el dominio de las abstracciones, creándose así conceptos más fríos para asumirlos en su forma de vida y acción, es decir, la habilidad que tiene el hombre de disolver una imagen en un concepto. La construcción conceptual de la verdad por medio de leyes, órdenes, clasificaciones, ente otros, es lo que permite encontrar la verdad dentro de esa esfera rígida y lineal dentro del cual se encierra cada pueblo o persona.
Por último, el autor concluye que la forma de salir del esquema de creencias en el cual se encuentra confinado el hombre. Será solo mediante el olvido del mundo como lo construimos y conocemos, también que el hombre se olvide de sí mismo como sujeto creador.
Incluso el autor refiere que el pájaro percibe otro mundo distinto al del hombre, y que conocer cual visón es la correcta carece de sentido, ya que no existe la percepción correcta que nos permita medir y obtener esa respuesta.
Ahora bien, cabe decir que, si cada una de las personas tiene la posibilidad de tener una percepción sensorial diferente, podríamos percibir como pájaros o plantas. Hablaríamos entonces de una construcción subjetiva de la misma.
Lo que esto genera es la inquietud acerca del significado de la ley de la naturaleza, la cual conocemos por sus consecuencias, es decir, sus relaciones con otras leyes de la naturaleza, las cuales también conocemos por medio de una suma de relaciones, remitiéndose unas con otras, y lo que terminamos conociendo de ellas son los aportes que nosotros mismos hacemos.
De esto concluimos que toda esta creación metafórica, que comienza con nuestra percepción inicial de formas, termina construyendo un andamiaje basado en esas mismas metáforas, que lograra explicar lo que se haya construido u edificado.
Como se ha desarrollado la construcción de los conceptos trabaja el lenguaje y posteriormente la ciencia, esta ultima construye todo un andamiaje conceptual y teórico que busca sustentarse y entrelazarse. Es por esto que el investigador coopera con el andamiaje existente de la ciencia para ayudar en su edificación, y así encontrar el sustento teórico que le permita desarrollarse como investigador, afrontando las vicisitudes que se ciernen en torno a la verdad.
Todo ese andamiaje de conceptos, es el salvavidas que usa el hombre para aferrarse y desarrollarse, consistiendo en un armazón para el intelecto liberado, y cuando es trastocado o destruido, busca reordenarlo y armarlo, determinándose que a la larga solo se guía por intuiciones y no por conceptos.